Aconcagua 1999 / 2002


Expedición Aconcagua 1999 / 2002

En enero de 1999, partí hacia Argentina con un grupo formado por Mari Ábrego en la que sería mi primera experiencia en alta montaña. La intención inicial era aclimatar y tomar un primer contacto con la montaña en la zona de "Vallecitos". Una vez allí todos los componentes de la expedición; Alfonso, Javi, Inma, Natxo, Jose, Tere, Fermín y Yo, nos dirigimos hacia las proximidades de "Vallecitos más concretamente al refugio Mausy, donde nos alojaríamos durante el tiempo que duraría nuestro periodo de aclimatación. Desde este confortable refugio iríamos ascendiendo montes como "Lomas Blancas" de 3800 metros, “San Bernardo” de 4100 metros y el “Franke” de 5100 metros. Después de conseguir estas cimas, nos enfrentaríamos a la montaña más elevada de la zona como es “el Cerro del Plata” con 6100 metros. Para escalar esta montaña, sería necesario montar un campo Base en la zona denominada “el Salto” situado a 4200 metros. En este punto sufrí mi primera experiencia en cuanto a los efectos de la altura se refiere, y es que la primera noche que pasamos en este lugar (estaríamos dos noches por causa del mal tiempo) casi no pegué ojo durante toda la noche, con una sensación de ahogo impresionante añadiendo el ya consabido dolor de cabeza, lógicamente mi inexperiencia hacía que culpase de la situación a que estuviéramos tres personas en una misma tienda pero no es así. A la madrugada del segundo día iniciamos el ascenso duro y largo, muy largo hasta alcanzar la cumbre de “El Plata” ya que el desnivel fue de 1900 metros, creo que es muchísimo para un primer contacto con la montaña a estos niveles. A pesar de ello y que hubo que sufrir bastante principalmente porque la climatología era bastante desapacible. Alcanzamos la cumbre todos juntos con una gran satisfacción por poder disfrutar de una cumbre de más de seis mil metros. Ahora tocaba descender y poner nuestras miradas en el Aconcagua.

   

Descansamos y repusimos fuerzas en un hotel en Penitentes para que después de dos días visitar El Puente del Inca que es una formación rocosa que forma un puente natural sobre el río Las Cuevas y la famosa estación termal.

Nos adentramos en el parque natural de Horcones para ir pernoctar en confluencia 3500 metros, instalando nuestras tiendas fuera de lo que sería el campamento oficial de “confluencia”. Al día siguiente ascendimos hasta “Mulas” 4.300 metros donde se encuentra el campo base. El mal tiempo nos estuvo acompañando prácticamente los días que duró el resto de la expedición. El ascenso a “Nido de Cóndores” fue al menos para mí una ascensión sin ningún tipo de complicaciones lo que me hacía presagiar una ascensión al Aconcagua sin grandes problemas. Pero las dos noches que pasamos en este campo, acabaron con mis aspiraciones ya que psicológicamente me vine abajo y a pesar de iniciar el ascenso hacia “Berlín” con ánimos me di la vuelta a mitad de camino.

Todas mis ilusiones se habían venido abajo, y me volví a casa con la sensación de un fracaso a pesar de haber disfrutado muchísimo pero que quizás no volvería a tener la oportunidad de volver a esta montaña.

En el año 2002 después de las congelaciones en el Everest, quise probar cual sería el comportamiento de mis manos en la montaña, y el 4 de febrero yo solo salí de Bilbao destino Mendoza. El día 6 entré en Horcones y pernocté la primera noche en el campamento de Confluencia. El día 7 continué la marcha hasta el campamento base de “Mulas”. El día 8 a la mañana ascendí a Nido de Cóndores (5350 metros), instalé la tienda y estuve hasta el atardecer allí aclimatando, sacando fotos y disfrutando del paisaje, pues aunque había nevado, el día era soleado. Volví al campo base a descansar y al día siguiente (día 9) subí de nuevo a Nido de Cóndores y con la intención de no volver al base. Dormí esa noche a 5350 metros y al día siguiente (día 10) me encontraba con muchas ganas y subí hacia Berlín, con el miedo metido en el cuerpo, pues fue el lugar donde me volví la vez anterior. Y a pesar de que había bastante nieve que me tuve que calzar los crampones, la ascensión fue muy rápida y llegué muy pronto a Berlín 5800 metros, como no había mucha gente y el refugio de madera de mayor tamaño estaba vacío, me instalé allí. Pasé la noche con intensión de ir hacia la cumbre al día siguiente (día 11), pero sobre las 6 de la mañana, al despertar, me percaté de que las condiciones meteorológicas habían cambiado y de qué manera. El día desde luego no era el más adecuado para atacar la cumbre por lo tanto, después de valorar la situación con un grupo Argentino que allá se encontraba, decidimos quedarnos un día más y esperar al día siguiente. Al mediodía, bajó un ciudadano Chileno, que se había atrevido con el ascenso a la cumbre, con unas congelaciones en las dos manos que me parecieron muy graves, este andinista se había dado la vuelta en la “gran travesía” porque ya notaba las congelaciones. Lógicamente ese hecho hizo replantearme mi situación de las manos y que dos meses antes había sufrido una de mis múltiples intervenciones quirúrgicas. La decisión la tenía muy clara, si no ocurría nada extraño, al día siguiente saldría hacia la cumbre, eso si bien protegido, con unos buenos guantes y con “calientamanos”. Así fue, el día 12 a las 7,30 horas de la mañana, inicié la ascensión junto con un grupo que había llegado el día anterior a Berlín. Al llegar a “Independencia” me parecía que el ritmo era un poco lento para mí, lo que decidí poner mi ritmo, a la mitad de la gran travesía, ya me percaté que el grupo se había quedado bastante atrás, pero delante de mi iban algunas personas lo que me tranquilizaba pensar que no estaba solo. Llegué al inicio de la “canaleta” donde descansé un poco junto a otros dos andinistas que allá se encontraban. Las sensaciones que tenía eran buenas y con muchas ganas de continuar e inicié sólo la marcha pues los demás se quedaron descansando algunos minutos más. Al finalizar Canaleta, en el “Filo del Guanaco” la última travesía antes de llegar a la cumbre, vi que detrás como a 10 minutos venía otro andinista. Por fin llego a la cumbre, son las 13, 30 horas y delante de mí estaba la cruz que denota el punto más alto del continente americano. El día es excelente, aunque comienzan a verse algunas nubes, no hay ni gota de viento y después de observar la vistas desde la cima, saco la cámara de fotos y comienzo con el ritual de siempre, fotos de todo el paisaje de alrededor, las fotos con mis patrocinadores y con mis banderas, como estaba solo, puse las banderas sobre la cruz e hice unas instantáneas, pero a los pocos minutos, llegó un andinista argentino, con lágrimas en los ojos, pues si para nosotros es importante llegar a una cumbre de esas características, para ellos es algo más que tocar el cielo de América. Nos abrazamos y nos felicitamos y comenzó un intercambio de filmaciones y fotografías.

Después de un buen rato en la cumbre, inicié el descenso porque comenzaba a complicarse el “tiempo” llegué a Berlín recogí mis cosas y seguí hasta Nido de Cóndores allí desmonté la tienda que llevaba cargué todo en la mochila y para las 19,30 horas estaba en el Base de Mulas. ¡¡Objetivo Cumplido!!

Uno de mis objetivos fue hacer la montaña en solitario, y lo había conseguido, pero juré y perjuré que nunca más volvería a una gran montaña solo, es muy duro no tener compañía aunque iba a otras tiendas para charlar con otros montañeros, pero la sensación de soledad no te la quita nadie. Eso sí, quizás esa situación hizo que en tan solo 6 días desde que entré en el parque de Horcones, consiguiera la cumbre y me encontrase descansando el “Mulas”. Para el día 15 me encontraría en casa.

 

Juan Carlos González